Monitores de 1000 Hz: ¿se notan o es solo marketing?
La mejora existe. La pregunta es cuánto cambia lo que ves, lo que juegas y lo que merece la pena pagar.

Los monitores de 1000 Hz ya son una realidad comercial. LG tiene el UltraGear 25G590B, un IPS Full HD que funciona a 1000 Hz nativos. Acer ha anunciado su Predator XB253Q U1 con la misma frecuencia, y Samsung ha presentado un Odyssey G6 que llega a 1100 Hz reduciendo la resolución mediante Dual Mode.
A primera vista parece sencillo: más hercios, más fluidez, mejor monitor. Pero cuando pasamos de 500 a 1000 Hz la pregunta cambia: ¿podemos apreciar esa diferencia o estamos entrando en una guerra de cifras más útil para vender que para jugar mejor?
La respuesta está en separar tres cosas que suelen mezclarse: cómo representa el movimiento una pantalla, qué percibimos y cuánto mejora nuestro rendimiento.
1000 Hz no son humo. Pueden mejorar la claridad del movimiento y reducir parte del retraso de presentación. Pero frente a 500 Hz estamos muy dentro de los rendimientos decrecientes: no es un salto comparable al de 60 a 120 Hz, ni hay pruebas suficientes para prometer que un jugador normal vaya a jugar mejor.
De 500 a 1000 Hz: el doble de refrescos, un milisegundo menos
Empecemos por lo indiscutible. La cuenta es sencilla: 1000 dividido entre los hercios nos da el intervalo entre refrescos en milisegundos.
Cada salto recorta menos.
Una barra más corta significa menos tiempo entre actualizaciones.
Cálculo teórico. No representa la latencia total del sistema ni el tiempo de respuesta del píxel.
Pasar de 500 a 1000 Hz duplica la frecuencia y reduce a la mitad el intervalo. El monitor tiene el doble de oportunidades para mostrar una imagen nueva. No hay truco ahí.
El matiz es la mejora absoluta: de 2 a 1 ms. De 60 a 120 Hz recortamos unos 8,33 ms; de 500 a 1000 Hz, solo 1 ms. Eso no invalida el avance. Explica por qué cada salto resulta menos espectacular.
Y ese milisegundo no equivale automáticamente a un milisegundo menos desde que pulsas el ratón hasta que ves el disparo. En un modelo ideal con llegadas aleatorias al siguiente refresco, la espera media baja de 1 a 0,5 ms. El resultado real depende del escaneo, la sincronización y el resto del equipo.
Entonces, ¿el ojo humano distingue 1000 Hz?
Conviene jubilar una frase que lleva años circulando: «el ojo humano solo ve 60 FPS».
No funciona así. La visión no tiene una frecuencia fija como una cámara. Influyen la velocidad, el contraste, el brillo, el tamaño del objeto, la zona de la retina, el movimiento de los ojos y la tarea que intentamos realizar.
Además, detectar parpadeo, ver movimiento fluido y seguir un objetivo con precisión son cosas distintas. Una respuesta cerebral medida en un laboratorio tampoco demuestra, por sí sola, que distingamos conscientemente dos monitores o acertemos más disparos.
Lo que encontró el estudio de Frontiers
Un estudio de Frontiers in Neuroscience comparó 60, 120 y 240 Hz midiendo con EEG las respuestas evocadas por estímulos en movimiento. Encontró respuestas mayores a 120 y 240 Hz que a 60 Hz, con resultados que dependían de la frecuencia y la forma del movimiento.
El beneficio se reducía al subir los Hz, sobre todo con estímulos lentos. De hecho, las diferencias entre 120 y 240 Hz no fueron estadísticamente significativas en las comparaciones descritas. Los autores recomendaron 240 Hz o más para ciertos estímulos rápidos, pero no probaron 500 ni 1000 Hz.
Sirve para entender por qué importa la representación temporal. No sirve para afirmar que 1000 Hz sean el doble de buenos que 500 Hz.
Verlo fluido y seguirlo bien no es lo mismo
Otro trabajo sobre seguimiento ocular, publicado en 2025, comparó estímulos a 15, 30, 60 y 120 Hz. Los participantes podían discriminar velocidades incluso con frecuencias bajas, pero la calidad del seguimiento con los ojos empeoraba al reducir los Hz y aumentar la velocidad del objetivo.
Eso ayuda a explicar por qué «yo ya lo veo perfectamente fluido» no cierra el debate. La percepción consciente y la precisión del seguimiento no tienen por qué mejorar al mismo ritmo. De nuevo, es una explicación del mecanismo, no una demostración directa de lo que ocurre entre 500 y 1000 Hz.
¿Más Hz hacen realmente mejor a un jugador?
Aquí los resultados son bastante menos espectaculares que una cifra de cuatro dígitos.
El trabajo Esports Arms Race, de 2019, comparó 60, 120 y 240 Hz en tareas de disparo y seguimiento. Encontró mejoras progresivas del rendimiento al aumentar la frecuencia. Es un argumento a favor de una pantalla rápida, dentro de las condiciones estudiadas.
Pero un estudio publicado en 2026 con 101 jugadores comparó 60, 144 y 360 Hz y dibujó un panorama más matizado. Los saltos desde 60 Hz mejoraron la precisión y los tiempos para destruir objetivos; entre 144 y 360 Hz no apareció una diferencia significativa de rendimiento. Tampoco se distinguieron de forma fiable esos dos ajustes en la prueba de suavidad. Aunque el estudio se centra en FPS, no todos los participantes jugaban principalmente a ese género.
Un experimento de AHFE 2026 con 32 jugadores casuales probó 60, 144, 240 y 360 Hz. Encontró sus mejores resultados a 240 Hz. Es una muestra pequeña y unas tareas concretas: no convierte 240 Hz en el punto óptimo universal.
También conviene saber quién investiga: varios de los trabajos enlazados cuentan con autores de NVIDIA Research. Son investigaciones consultables, pero no debemos presentarlas como evidencia ajena a la industria.
La lectura sensata no es «por encima de 144 Hz no se nota nada». Es que el resultado depende del jugador, la tarea y el sistema, y una mejora visual no garantiza una ventaja competitiva medible.
Entre las fuentes revisadas no hay una comparación controlada específica de 500 frente a 1000 Hz que permita prometer una ventaja clara en jugadores. Esa ausencia importa.
La latencia puede importar más que los Hz por sí solos
Desde que mueves el ratón hasta que ves el resultado intervienen muchos pasos:
Ratón → CPU → motor del juego → GPU → cola de renderizado → pantalla → píxel.
En otro estudio de 2019, con ocho jugadores expertos, los investigadores separaron artificialmente latencia y frecuencia. Reducir el retraso tuvo un beneficio claro; subir los Hz conservó un efecto mucho menor, con una pequeña ventaja en algunas tareas de seguimiento.
Así que un monitor de 1000 Hz conectado a un PC con mala latencia no constituye automáticamente un sistema competitivo mejor que uno de 500 Hz bien ajustado.
Donde 1000 Hz sí tienen sentido: la nitidez en movimiento
Este es probablemente el argumento más sólido. En una pantalla sample-and-hold, cada imagen permanece visible hasta que llega la siguiente. Cuando nuestros ojos siguen un objeto, esa persistencia contribuye al desenfoque percibido.
Si los píxeles fueran instantáneos y cada refresco recibiera un fotograma nuevo, a 500 Hz la imagen duraría 2 ms; a 1000 Hz, 1 ms. La persistencia ideal se reduciría a la mitad.
Imaginemos un objeto moviéndose a 1920 píxeles por segundo: aproximadamente el ancho de una pantalla Full HD cada segundo.
3,84 píxeles
1920 × 0,002 s. Desplazamiento durante los 2 ms de persistencia.
1,92 píxeles
1920 × 0,001 s. Desplazamiento durante 1 ms de persistencia.
Menos desenfoque
Estimación ideal del componente de persistencia, no medición de un monitor real.
Así aparece una razón tangible para perseguir 1000 Hz: los objetos muy rápidos pueden verse más definidos mientras los seguimos con los ojos. Es más útil que decir simplemente «hay más imágenes».
Pero hay condiciones. Los píxeles deben cambiar suficientemente rápido y sin demasiado overshoot, esas estelas inversas que puede introducir un overdrive agresivo. Un dato GtG de la caja no describe todas las transiciones. Tampoco es lo mismo GtG que persistencia o latencia de entrada.
Y si activamos una retroiluminación estroboscópica, la persistencia depende también de la duración del destello. Por eso comparar solo Hz entre tecnologías y modos distintos puede llevar a conclusiones equivocadas.
Es el mismo motivo por el que merece la pena entender qué aporta el OLED en los monitores de 720 Hz: la rapidez real del píxel también cuenta.
Pero necesitas FPS. Muchos FPS.
Para aprovechar toda esa resolución temporal necesitas acercarte a 1000 fotogramas nuevos por segundo. El monitor no los inventa.
No estamos hablando de jugar a Cyberpunk con Path Tracing. El terreno lógico son los shooters con ajustes competitivos: Counter-Strike 2, Valorant, Rainbow Six, Fortnite y otros eSports. Eso no significa que todos permitan o mantengan 1000 FPS: los límites del motor, la versión del juego y las escenas reales pueden impedirlo.
A 600, 800 o 1000 FPS, la CPU se convierte rápidamente en protagonista. Debe preparar cientos de fotogramas por segundo y puede limitar el resultado antes de que la gráfica llegue siquiera a sudar.
No basta con mirar un pico de FPS en un mapa vacío. Interesan la estabilidad y las caídas durante una partida, con efectos, enemigos y carga real.
¿Sirven de algo 1000 Hz si solo tengo 500 FPS?
Sí, pueden aportar alguna ventaja de presentación o de escaneo, dependiendo del modo y la sincronización. Pero 500 FPS siguen siendo 500 imágenes nuevas por segundo.
Con repetición regular de fotogramas en una pantalla sample-and-hold, cada posición del objeto puede seguir visible unos 2 ms. No obtendrás la claridad ideal de 1000 imágenes diferentes, aunque el panel refresque cada milisegundo.
La frecuencia variable, V-Sync y la forma en que el monitor escanea la imagen cambian el resultado. Por eso el escenario ideal para la explicación anterior es 1000 FPS reales y estables + 1000 Hz. Y sigue siendo un objetivo muy exigente.
Además, hay que revisar la conexión y la compatibilidad. Para alcanzar su frecuencia máxima, LG especifica Windows 11, DisplayPort 2.1 y determinadas GPU compatibles. Tener un conector con el nombre correcto no basta: comprueba las condiciones del fabricante para tu tarjeta y modo de pantalla.
LG, Acer y Samsung dejan claro para quién es esto
Estos modelos sirven para poner cara a la tecnología. Sus especificaciones son anuncios del fabricante, no resultados de pruebas propias.
En móvil, desliza la tabla para ver todas las columnas.
| Modelo | Formato | Modo rápido anunciado | El matiz |
|---|---|---|---|
| LG UltraGear 25G590B | 24,5″ · IPS | 1920 × 1080 · 1000 Hz nativos | Hasta 1100 Hz con overclock y limitaciones de VRR |
| Acer Predator XB253Q U1 | 24,5″ · IPS | 1920 × 1080 · 1000 Hz | Anunciado para EMEA en el primer trimestre de 2027 |
| Samsung Odyssey G6 G60H | 27″ · QHD | HD · hasta 1100 Hz | En QHD nativo alcanza hasta 600 Hz |
LG UltraGear 25G590B: prácticamente todo gira alrededor de la velocidad
El LG combina Full HD y 1000 Hz nativos con DisplayPort 2.1 UHBR20, HDMI 2.1, G-SYNC Compatible y FreeSync Premium. Su modo de 1100 Hz es un overclock: LG advierte de que FreeSync Premium no funciona en ese ajuste y de que la certificación G-SYNC Compatible corresponde a 1000 Hz.
Un detalle para leer con cuidado: las especificaciones oficiales de LG Reino Unido indican 1 ms de respuesta; LG Japón lo identifica como 1 ms GtG. Es una cifra anunciada, no una medición de todas sus transiciones.
Su planteamiento resulta más fácil de entender cuando dejamos de pedirle una pantalla enorme, resolución altísima o HDR cinematográfico. Lo que intenta venderte es velocidad. El valor de esa prioridad depende de cuánto signifique para ti la competición.
Acer Predator XB253Q U1: la misma filosofía
Acer también apuesta por 24,5 pulgadas, IPS y Full HD a 1000 Hz. En su anuncio oficial para EMEA sitúa la disponibilidad en el primer trimestre de 2027 desde 1099 euros, con posibles diferencias según el mercado.
Es decir: está presentado, pero no debemos confundirlo con un producto ya disponible en todas las tiendas españolas. Ese formato compacto y esa inversión en frecuencia tienen un destinatario muy concreto: eSports.
Samsung Odyssey G6: 1100 Hz con letra pequeña
Samsung ofrece un buen contrapunto. En su presentación de Gamescom 2026, el G60H de 27 pulgadas combina QHD a hasta 600 Hz con HD a hasta 1100 Hz mediante Dual Mode.
¿Es un monitor de 1100 Hz? Sí. ¿Es lo mismo que hacer 1000 Hz a 1920 × 1080? No. Para alcanzar la cifra máxima hay que renunciar a resolución.
No hay nada malo en ofrecer ambos modos. Lo engañoso sería comparar únicamente el número más grande de cada caja y dar por hecho que estamos viendo lo mismo.
Entonces, ¿500 Hz y 1000 Hz se pueden distinguir?
Es razonable esperar que algunas personas puedan distinguirlos en condiciones adecuadas, especialmente siguiendo movimiento muy rápido, con suficientes FPS y píxeles capaces de acompañar. Esa es una inferencia a partir de la física de la pantalla, no una garantía para cualquier jugador.
La diferencia existe: 2 ms frente a 1 ms, muestreo temporal más denso y la mitad de persistencia ideal. De ahí no podemos saltar a «lo notarás instantáneamente». Mucho menos a «jugarás mejor».
Para demostrarlo bien harían falta comparaciones controladas que separasen refresco, FPS, latencia, respuesta del píxel y ajustes de imagen, con pruebas ciegas y tareas representativas. Ver una demostración de fabricante es otra cosa.
¿Es entonces marketing?
Mi respuesta sería: no, pero el marketing va a disfrutar muchísimo con ello.
1000 Hz es tecnología real. Puede reducir la persistencia y parte del retraso de presentación, mejorar la definición de objetivos rápidos y ofrecer una representación temporal más fina.
Lo que sería marketing es sugerir que duplicar 500 Hz produce el mismo salto perceptivo que duplicar 60 Hz. En ambos casos dividimos el intervalo por dos; el tiempo que recortamos es muy distinto.
Los últimos márgenes de la competición
Sí podría encajarte si…
- Compites seriamente en FPS.
- Ya utilizas 360 o 500 Hz y buscas afinar los últimos detalles.
- Obtienes varios cientos de FPS estables y conoces los límites de tu juego.
- Priorizas latencia y seguimiento por encima de resolución, tamaño y precio.
- Tu CPU, GPU y conexión pueden acompañar al monitor.
Para ese perfil, perseguir 1000 Hz no es absurdo. Está intentando eliminar los últimos márgenes posibles.
Si juegas a 120 FPS a títulos AAA…
No sería nuestra prioridad. Puedes notar mucho más una mejora de contraste, HDR, resolución, tamaño o estabilidad de FPS.
Antes de pagar por la cifra máxima, mira qué limita hoy tu experiencia. Nuestra guía de monitores 1440p es un punto de partida más equilibrado para combinar juegos competitivos y títulos exigentes.
¿Estamos ante el futuro?
En parte sí. Llegar a estas frecuencias exige píxeles, electrónica y conexiones más rápidos, y ese desarrollo puede beneficiar después a gamas más asequibles.
No sabemos si dentro de cinco años todos tendremos 1000 Hz. Nos parece más razonable pensar que frecuencias hoy extremas irán dejando de parecernos extraordinarias. Es una expectativa editorial, no una fecha prometida.
Tecnología real.
Una mejora cada vez más pequeña.
Si hay que responder con una frase: sí, los 1000 Hz pueden notarse, pero mucho menos de lo que sugiere pasar de «500» a «1000».
La mejora física está ahí y tiene sentido para movimiento muy rápido y competición extrema. Lo que todavía no podemos prometer es que un jugador normal vaya a rendir mejor o a distinguir fácilmente ambos ajustes.
Para la mayoría seguirá siendo más rentable elegir un monitor mejor en conjunto que comprar simplemente el monitor con más hercios.
Sobre este análisis: fuentes oficiales y estudios enlazados junto a cada afirmación. Los cálculos son teóricos y las conclusiones de compra son criterio editorial. No hemos realizado una prueba propia de estos monitores. Información contrastada el 28 de septiembre de 2026.



